El sacerdocio de los padres


Estudio 14

Discipulado familiar

Texto básico: Lv. 21-22; 1ª. Pe. 2:9,10


La doctrina del sacerdocio universal del creyente, columna de la fe cristiana, tiene sus raíces en la institución del sacerdocio levítico. Este sacerdocio fue puesto por Dios con tres propósitos esenciales en mente: Que el sacerdote permaneciera de cara a Dios. Que el sacerdote presentara a Dios al pueblo. Que el sacerdote presentara al pueblo a Dios. Debido a esta razón, el sacerdocio fue siempre una institución central en la vida del pueblo de Israel.

Ahora bien, el sacerdocio levítico tan importante en la vida de Israel no era otra cosa que una sombra, una figura de lo que Dios haría a través de su Hijo Jesucristo. Esta función gloriosa que era exclusiva de los descendientes de Aarón y que se llevaba a cabo por medios físicos (el ritual levítico), Dios lo ha convertido en equipamiento espiritual que se extiende a todo aquel que se reconcilia con Él por medio de su Hijo Jesucristo (1ª. Pe. 2:9). Ahora todos somos sacerdotes con esta triple responsabilidad espiritual y universal. Es decir, tenemos esta responsabilidad ante Dios y ante el mundo.

Siguiendo el hilo rojo del sacerdocio levítico, forzosamente nos lleva a 1ª. Pe. 2:9-10, y nos trae de regreso, con la misma fuerza a Deuteronomio 6:6-9, para finalmente devolvernos a Efesios 6:4. ¿Por qué este zigzagueo en el texto bíblico? Porque en Levítico encontramos la figura, y 1ª. de Pedro nos sale al encuentro con el cumplimiento de dicha figura. En otras palabras, Deuteronomio 6 contiene la primera implicación anticipada de este sacerdocio, y en Efesios 6 vuelve a aparecer aquella primera implicación deuteronómica, pero ahora ya sobre la base del cumplimiento en Cristo de la figura o sombra levítica. Y entonces, cuando Efesios dice:

Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor...”,

realmente está diciéndonos:

“Padres, cumplid vuestro ministerio sacerdotal, empezando con vuestros hijos...”

siendo los hijos esa primera implicación.

 Así las cosas, podríamos decir que todo lo que hacemos por Dios ante nuestros hijos, todo lo que hacemos por nuestros hijos ante Dios, y todo nuestro sometimiento personal al Señor, constituye el ejercicio de nuestro sacerdocio. Pero en este estudio nos trazamos exclusivamente el objetivo de seguir la hebra central del sacerdocio en lo que tiene que ver con la familia.

De Cara a Dios

El primer elemento del sacerdocio de los padres es su permanencia de cara a Dios (Lev. 9:7)

“... acércate al altar y haz tu expiación y tu holocausto, y haz la reconciliación por ti...”

Dt. 6:6

Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón...”

Ef. 6:4

“... No provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina...”).

·       La primera responsabilidad del sacerdocio era estar en paz con Dios. Esa paz con Dios en Deuteronomio significa obediencia a la Palabra. En Efesios esa obediencia significa “crianza por medio del ejemplo” (paideía). Todo esto implica que el primer elemento por medio del cual los padres ejercerán su sacerdocio es la genuinidad de su relación y comunión con Dios.

·       Este primer elemento es el fundamento del sacerdocio. Si este no existe, todo lo demás queda en el aire. Si los padres no tienen verdadera comunión y relación con Dios, su ministerio hacia los hijos no será cautivador, atractivo ni respetado.

 

Dios a los Hijos

El segundo elemento del sacerdocio de los padres es, “presentar a Dios los hijos”. El sacerdocio levítico, además de presentar a Dios al pueblo por medio de la forma santa de vivir todos los días, tenían la responsabilidad de ser expertos acerca de Dios y enseñar al pueblo su Palabra.

·       Los padres tenemos la responsabilidad de presentar a Dios a nuestros hijos a la edad más temprana posible. Es decir, es nuestra responsabilidad y privilegio hacerles sentir, de una manera natural, espontánea y hermosa, la necesidad de recibir a Cristo y experimentar su presencia, su perdón y transformación. La responsabilidad de ganar a nuestros hijos para Cristo es, primero de los padres y sólo después, de la iglesia. Recordemos que nosotros creemos que el niño una vez que alcanza la edad de la conciencia es sujeto de fe, ya es capaz de creer y necesita a Cristo como su salvador.

 

·       La evangelización de nuestros hijos se debe realizar en el fluir natural, normal, bello, genuino de la vida diaria; no en forma artificial, forzada o acartonada. También se debe llevar a cabo en forma adecuada a la edad del niño. Los padres debemos capacitarnos para esto tomando como un desafío  la evangelización del niño.

 

Los Hijos a Dios

El tercer elemento del sacerdocio de los padres es “presentar los hijos ante Dios”. (Lev. 21:21-22).

·       La tercera función esencial del sacerdocio levítico es interceder por el pueblo ante Dios. Esto se transfiere a nosotros los padres como el oficio, el ministerio, el privilegio y la responsabilidad de interceder permanentemente por nuestros hijos ante Dios. A través de la oración de intercesión, los padres presenta sus a Dios.

 

·       Los padres somos llamados a ser sacerdotes de nuestros hijos, y como tales, debemos permanecer reverentemente en la presencia de Dios intercediendo por cada uno de ellos. La oración de intercesión del padre sacerdote es un instrumento eficaz que da fortaleza al padre y trae gran bendición de provisión y protección a los hijos toda vez que es parte del equipamiento espiritual con el que Dios cubre a los padres para que puedan cumplir con su alta responsabilidad.

Conclusión

La intercesión sacerdotal de los padres por los hijos requiere una vida disciplinada y consistente de oración. Los padres que oran por sus hijos de vez en cuando, cuando se acuerdan,  son padres que no creen que la vida cristiana es una  entrega diaria al Señor. El padre que intercede disciplinada y consistentemente por sus hijos, los entrega permanentemente a la posesión y control de Dios, y les enseña el principio de la dependencia de Dios para siempre.