Lo que verdaderamente contamina



Lección 4

La formación de los discípulos

Texto Básico: Marcos 7:1-23; Mateo 15:1-20


Un acercamiento al tema 

Al regresar a tierra, después de la gran enseñanza en alta mar, Jesús y sus discípulos son reconocidos por la gente de Genesaret y pronto una gran multitud vino a ellos con diversas necesidades. Mientras ellos ministran en la comunidad, un grupo de Escribas y Fariseos llegan a la región para espiar sus actividades. Y pronto se dan cuenta que el grupo de discípulos comen sin lavarse las manos, tradición muy respetada por el puritanismo judío. Por lo que el Señor es inmediatamente asaltado con la recriminación:

"¿Por qué tus discípulos violan la tradición de los ancianos?"

Los discípulos, al igual que los Escribas y Fariseos, habían sido criados y formados en todas estas tradiciones de los ancianos. Se entiende por tradiciones todas aquellas costumbres y prácticas propias de la cultura que no necesariamente son producto de la experiencia del pueblo con Dios. Las tradiciones son buenas siempre y cuando promuevan y celebren los aspectos y valores positivos de la cultura, no contradigan la Palabra de Dios ni la sustituyan. Tradiciones que no promueven aspectos y valores positivos de la cultura, que contradicen o sustituyen la revelación de Dios deben desaparecer de la vida del pueblo de Dios.

En este caso, el Señor Jesús confronta una situación en la vida del pueblo de Israel en la que la tradición de los ancianos había sustituido la Palabra de Dios.

La lección:

El evento está compuesto por la estrategia o estructura externa que el Señor convierte en marco de su enseñanza, y la enseñanza en sí que está compuesta por tres cuestionamientos y tres respuestas contundentes:

1.  La estrategia:

El Señor se involucra en un debate público con los Escribas y Fariseos y permite que sus discípulos estén presentes y lo observen confrontar la necesidad y darle respuesta.

Luego los lleva aparte y los involucra en una mesa redonda en la que escucha sus comentarios y  preguntas,  y les da respuestas claras y corrige su enfoque equivocado.

2. La enseñanza:

El primer cuestionamiento viene de los Escribas y Fariseos y consiste en la acusación (Mateo 15:2)

¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos al no lavarse las manos para comer?

Su acusación no tenía absolutamente nada que ver con higiene. Se referían al lavamiento ceremonial que constituía una fuerte tradición entre los judíos conservadores (Marcos 7:1-4). La idea era, que debido a que Israel era un pueblo santo como no había otro sobre la faz de la tierra, debía mantenerse puro. El contacto inevitable con los gentiles, publicanos y pecadores, contaminaba al judío piadoso. Por lo tanto, la forma de purificarse era a través de todos estos lavamientos que Marcos menciona. 

 La respuesta del Señor Jesús (Mateo 15:3-11) es contundente y hace cuando menos tres apuntes:

»      Esta tradición no es Palabra de Dios sino mandamientos de hombres (vrs. 8-9). Han malentendido a Dios y su Ley, y la han sustituido por una interpretación personal. Cuando se sustituye la comunión con Dios (santidad del corazón) por la liturgia (los elementos externos que simbolizan la santidad interna), esto es precisamente lo que sucede.

»      Por lo tanto, los que realmente están quebrantando la Palabra de Dios son los Escribas y Fariseos y no sus discípulos. Para ello, les proporciona un ejemplo claro en el que hacen que el pueblo viole la ley de Dios por obedecer sus tradiciones (vrs. 3-6). Luego les cita una profecía de Isaías al respecto (vrs. 7-9).

»      Consecuentemente, lo que entra por la boca (los alimentos) no contaminan al hombre, sino lo que nace en el corazón y sale por la boca es lo que es pecado ante Dios y separa y pierde al hombre. Esto fue una bomba para todo Israel porque es una confrontación directa del mismo corazón de la tradición judía. Todo mundo fue sacudido, aún los discípulos.

El segundo cuestionamiento viene de sus mismos discípulos (Mt. 15:12-14). Estos también estaban asombrados por lo que Jesús acababa de decir ya que ellos también habían sido criados en estas tradiciones (Hechos 10:14) y conocían la diferencia entre alimentos limpios y alimentos inmundos (Lev. 11). Pero la preocupación real de los apóstoles era el hecho de que los Escribas y Fariseos se habían ofendido y eso les traería problemas.

La respuesta del Señor vuelve a ser contundente y hace dos apuntes:

1.  Los Fariseos no les deben preocupar porque son ciegos, guías de ciegos. Los legalistas (todo aquél que ha sustituido en su vida la comunión con Dios o santidad interna por la liturgia o santidad externa) no han entendido el evangelio y la iglesia no debe guiarse por sus conceptos.

2. La enseñanza de los Escribas y Fariseos no está en la Palabra de Dios. El legalismo no es doctrina bíblica y por lo tanto no debe controlar la vida de la iglesia.

El tercer cuestionamiento lo hace Pedro (Mt.15:15-20), solicitando una explicación de la declaración del Señor:

Todo lo que entra por la boca no contamina al hombre”.

El Señor en su respuesta reprende la dureza de corazón de los discípulos y luego procede a explicar un principio espiritual que es revolucionario: Todos los alimentos son buenos y por lo tanto, no tienen ninguna propiedad en sí mismos para santificar ni para contaminar. La santificación y la contaminación son espirituales, no físicas. Es el sometimiento integral a Dios lo que santifica y es la desobediencia a Dios lo que contamina. El sacramentalismo (la atribución de virtudes espirituales a las cosas) no tiene su origen en la revelación de Dios sino en las religiones paganas.