En medio de la tormenta

En medio de la tormenta



Lección 3

La formación de los discípulos 

Texto Básico: Marcos 6:45-56; Mateo 14:22-36


Un acercamiento al tema

Es importantísimo acercarnos a este evento entendiendo que el milagro por el que el Señor alimentó a la multitud de más de cinco mil, causó esta nueva situación. Muchos en la multitud, al enterarse del milagro, relacionaron lo que estaban viendo con las expectaciones populares de liberación política y económica que el Mesías traería en su manifestación. Estos decidieron que Jesús era el Mesías político esperado y en la medida en la que empezaron a compartirlo con los demás, Juan nos dice que la multitud se volcó sobre Jesús para proclamarlo rey por la fuerza. Entendiendo el Señor el error en el que estaba la gente y el inmenso peligro en el que se situaba a la multitud ante la ocupación romana, actúa rápido.

1. Primero rechaza con firmeza tal sugerencia.

2. Luego pone en sus discípulos en la barca y los envía al otro lado del lago

3. Finalmente despide a la multitud y El sube al monte a orar.

También era de vital importancia para el Señor que sus discípulos no permanecieran ni un minuto más entre la multitud. Por una razón, compartían con la gente la confusión acerca del Mesías político y que al estar cerca de Él, fácilmente podían ser la chispa que prendiera la pasión política popular que desencadenara una manifestación generalizada  que terminara en una confrontación trágica con las fuerzas romanas de ocupación en la que el pueblo fuera inútilmente masacrado.

Ahora bien, el Señor Jesús al sacar a sus discípulos de esta situación difícil y ponerlos en el mar en noche de tormenta, está creando una estrategia magnífica de discipulado que va a aprovechar para enseñarles una serie de principios que no olvidarán el resto de su vida.

La Lección

1.      La Estrategia:

Se puede deducir que el procedimiento que el Señor sigue aquí para traer formación permanente a sus discípulos consiste de dos elementos:

1. Primero: los saca de una situación difícil que puede dañarlos permanentemente y estorbar el avance de su misión. El Señor en su discipulado siempre nos libra de aquellas situaciones que nos pueden dañar. Es parte de su cuidado providencial. Si somos sus discípulos, él nunca permitirá que pasemos por una situación que nos pueda hacer daño

“… pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir….” 1ª Cr. 10:13

Este es un elemento que debemos tomar en cuenta en nuestro discipulado personal y en nuestro trabajo discipulador como maestros que somos de la palabra.

2. Segundo: al mismo tiempo permite que entren a otra situación difícil. Al ponerlos en la barca y enviarlos al otro lado del lago, que aunados al cansancio de varios días y a la decepción y confusión causada por el evento de la alimentación de la multitud, los pondría al borde de la desesperación; situación que él podría aprovechar para impactar permanentemente sus vidas. El Señor nos libra de situaciones de sufrimiento que nos pueden hacer daño para luego permitir que pasemos por otras circunstancias de crisis y sufrimiento que probarán, purificarán y fortalecerán nuestra fe. Podemos tener la plena seguridad que mientras seamos discípulos de Cristo, ningún sufrimiento que nos sobrevenga nos hará daño, sino todo lo contrario, nos hará inmenso bien al final.

2.- La gran enseñanza:

El Señor Jesús al apartar de la multitud a sus discípulos y enviarlos en la barca les está enseñando la esencia del discipulado cristiano. La vida cristiana no es una vida donde todo es color de rosa. Donde la satisfacción a las necesidades y la solución a cada problema se dan en charola de plata. El discipulado cristiano es una vida de entrega total al Señorío de Cristo y de auto negación que precisamente implica, entre otras cosas, la renuncia al deseo carnal de que todo se nos dé sin sufrimiento, sin problemas y sin tener que luchar. La satisfacción de las necesidades y la solución de los problemas, en la vida cristiana normal, se da como parte integral y consecuencia lógica de la entrega incondicional de nuestro ser a la voluntad perfecta de Dios. Los discípulos habían sido parte del deseo de la multitud de proclamar rey al Señor. Esta decisión se había dado como resultado de observar a Jesús mover a las multitudes con el poder de su palabra y con el poder de sus grandes milagros. Que maravilloso sería ser gobernados por hombres así. Todo sería color de rosa. Todas las necesidades políticas, sociales y económicas serían solucionadas en forma sobrenatural por medio de milagros. Al separarlos de la multitud y enviarlos a la tormenta les está enseñando que en su discipulado habrá tormentas, luchas y dificultades en las que hay que confiar y depender de Él.

Cuando se está obedeciendo la voluntad de Cristo y se encuentran tormentas, en cada una de ellas se puede tener la seguridad de que:

  • Es su voluntad que la confrontemos. Cristo supo que habría tormenta en el camino y aun así los envió.
  • Él nos ve en nuestras luchas (Mr. 6:48).
  • Permanentemente ora (intercede) por nosotros (Mr. 6:46).
  • Vendrá a nosotros (Mr. 6:48b). En el momento más difícil de la experiencia, el Señor vino a ellos con su ayuda maravillosa.

La experiencia nos ayudará a crecer. La intrepidez y luego el fracaso de Pedro enseñó a toda la compañía apostólica que les faltaba fe. Que había dudado. No solo de su poder sino también de su palabra en relación con su verdadera identidad. Que habían comenzado a hundirse desde que estaban con la multitud del otro lado del lago.

Aunque a veces flaqueemos en medio de la prueba, el Señor estará a nuestro lado para tomarnos de la mano y sacarnos adelante. Después que los discípulos vieron el poder de  Cristo manifestado en la tormenta y en el rescate de Pedro, le adoraron diciendo:

“…verdaderamente eres Hijo de Dios”.