Una Mano de Ayuda

Una Mano de Ayuda



Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. 

Isaías 41:13

El pequeño Ricardo de cinco años estaba atascado. 

Cuando el cielo se despejó después de un breve aguacero, la familia de Ricardo decidió salir de día de campo. Pasaron varias horas jugando, entre varios árboles frutales corría Ricardo disfrutando el día, sin importar que se ensuciaban con todo el lodo que la lluvia había ocasionado. Todo iba bien para Ricardo hasta que de pronto se quedó atascado en un fango profundo y espeso, alrededor de un árbol. Se apoyó con la mano para empujarse hacia afuera, pero terminó hundiéndose más, hasta perdió un zapato. Estaba atascado en el lodo. 

El pánico entró en escena. 

Ricardo empezó a llorar, pero sus hermanos mayores y sus primos se reían en vez de ayudarlo. Pero para Ricardo esto no era un asunto de risa. El estaba asustado. 

En un instante, la mano familiar de su papá lo alcanzó y de un jalón lo sacó del lodo. El alivio se dibujó en el rostro de Ricardo, y rápidamente cambio su ansiedad por el deseo de seguir jugando, pues ahora se sentía respaldado por la mano segura de su padre. 

El miedo puede ser una cosa pegajosa. Dale una oportunidad de que te agarre y puede hundirte en un pozo fangoso. Incluso puedes llegar a sentir que te sumerges cada vez más, con muy pocas esperanzas de volver a estar en pie. 

Pero Dios el Padre tiene Su mano fuerte y cuidadosa extendida hacia ti. Él está esperando que te tomes de su mano. Toma su mano y sal del temor. 

A veces el temor puede ser abrumador. Pero Dios está dispuesto y deseoso de ayudarte. Y una vez que te has levantado del lodo Su mano firme siempre estará ahí para cuidarte que no te hundas de nuevo, aún cuando el terreno bajo tus pies sea muy inestable. 

Deja ir el temor y sujétate de la amorosa mano de Dios. 

Reflexión y oración: 

  • En alguna situación actual ¿te sientes estancado o atorado en el temor? 
  • ¿Hay algo que te detenga de sujetar la mano ayudadora de Dios? si es así, pídele a Dios que te de la fuerza para sostener su mano y confiar en Él mientras dejas ir el temor. 
  • Puedes leer el Salmo 40 como complemento de este devocional. Mientras lo lees medita, y decláralo como una expresión de tu corazón para Dios.