Fe en movimiento



El domingo por la mañana temprano, mientras aún estaba oscuro, María Magdalena llegó a la tumba y vio que habían rodeado la piedra de la entrada

Juan 20:1 

Suéltame, porque todavía no he vuelto al Padre. Ve más bien a mis hermanos y diles: “Vuelvo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes”. 

Juan 20:17-18

Jesús había sido traicionado y entregado a los sacerdotes por treinta piezas de plata; la crucifixión ocurrió con Jesús cumpliendo todo lo que Su Padre le había encomendado al tomar en sus hombros los pecados de cada ser humano nacido y por nacer en este mundo. Su cuerpo fue puesto en una tumba prestada, una que nunca se había utilizado, con una enorme piedra cubriendo la entrada. 

En el primer día de la semana (domingo), después de la crucifixión y la sepultura de Jesús, María Magdalena fue a la tumba para cumplir una tarea muy específica; ella viajó a la tumba de su Señor con aceites y especias para ungir cuidadosa y apropiadamente el cuerpo de Jesús. 

Pero todavía había un obstáculo que seguramente le impediría a esta mujer completar su misión; ese obstáculo era, por supuesto, la enorme piedra que cubría la entrada de la tumba, una piedra que seguramente necesitaba de varios hombres para removerla. 

Pero esto no desalentó a María Magdalena de hacer aquello que Dios ponía en su corazón que hiciera, lo cuál era “IR”, moverse, acudir llena de expectación para completar su tarea. Esta mujer no acudió a la tumba con un martillo, un cincel, ni con ninguna otra herramienta para forzar la entrada, simplemente avanzó, camino hacia adelante, creyendo que aquel obstáculo que se interponía entre ella y su Señor sería quitado del camino. Ella sabía que de alguna manera Dios movería cualquier obstáculo. 

Qué gran ejemplo, y verdadero testimonio, de fe en movimiento; creer anticipadamente que el obstáculo que impedía el acceso hacia aquella bendición de ungir el cuerpo de Jesús sería completamente removido de antemano. 

Como creyentes en Cristo debemos demostrar una fe similar; debemos tener fe que nos permita creer que cualquier obstáculo que enfrentamos no tendrá otra opción más que ser removido de nuestro camino. Claro, cuando caminamos dentro de la voluntad de la Palabra de Dios. 

Este tipo de fe que nos compromete para declarar el poder de Dios, y hablar hacia la montaña de problemas en nuestra vida, causando que estos sean quitados por Dios. (Marcos 11:23) 

Así que, ya sea que tengas que rodearla, ir por encima de ella, o cruzar a través de ella; ora con fe; con tu boca habla la fidelidad de Dios, alaba su misericordia, su poder, su gracia, durante todo el tiempo de la prueba, empezando en este día. Y entonces, mantén la expectativa de que Dios lo hará. Es entonces cuando tú también estarás listo para ver claramente al Señor. 

Puntos sugeridos para orar: 

Adoremos a Jesús, y démosle gracias porque Él movió la piedra de aquella tumba, y hoy está vivo. Porque en su vida nos da vida eterna. Porque en su vida tenemos esperanza, gozo, paz incomparable, y una vida con propósitos eternos. 

Pidamos al Espíritu Santo que quite toda incredulidad de nuestros corazones, para que seamos capaces de avanzar en la vida con fe. Que seamos hijos e hijas que confían en el carácter, la gracia, la misericordia, y la bondad de nuestro gran Dios. 

Pidamos a Jesús que nos permita tener fe en su palabra cada día, y que podamos llevar esa fe al terreno de la vida práctica.