¿Quieres ser sano?

¿Quieres ser sano?



Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? ...Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo... Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.   

Juan 5: 5,6,8,9,14

 

Hay muchas situaciones que causan que los seres humanos soportemos cargas pesadas por mucho tiempo. Pueden ser semanas, meses, o hasta décadas, en las que quizá estemos batallando con alguna enfermedad, o con múltiples deudas, o con algún vicio que parece atarnos de por vida; O tal vez alguna difícil situación familiar que parece que nunca terminará. 

Cualquiera que sea esa condición con la que luchemos hoy y parezca no tener fin, el corazón de Jesús, misericordioso, compasivo, y poderoso, sigue siendo el mismo (Hebreos 13:8). Esta historia nos enseña cómo poner en práctica la fe para experimentar esos milagros que tanto anhelamos de parte de Dios. 

Jesús sabe cuánto tiempo llevamos batallando, y tiene misericordia de nuestra condición, al punto de acercarse a nosotros todos los días y preguntarnos: “¿Quieres ser sano? Lo primero que debemos aprender es a confiar en que, en medio de la batalla, Jesús nos extiende su poderosa invitación de amor todos los días para restaurarnos. 

Después debemos confiar en la autoridad de Jesús sobre cualquier situación adversa. Él tiene total autoridad para vencer cualquier enfermedad, para sacarnos de cualquier apuro financiero, para romper todas las cadenas de pecado en nuestro interior, para restaurar las familias, y para perdonar todas nuestras iniquidades. No hay quién se oponga a su autoridad. Sin importar cuánto tiempo estemos luchando nunca debemos de perder de vista esa realidad. 

Este pasaje en el evangelio de Juan no nos dice específicamente cuál era la enfermedad de aquel hombre, el hecho es que no podía caminar por si solo, y tampoco nos da la razón por la cuál estaba enfermo. Pero al final de los versículos que leímos, Jesús le dijo al hombre: “Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.” 

Lo que esto debe enseñarnos es que nunca podemos, ni debemos, responsabilizar a Dios por ninguna adversidad que estemos pasando. Lo que Jesús le dijo al hombre nos deja ver que aquel hombre estaba ante un riesgo inminente de seguir pecando, y por tal razón, podía venirle alguna cosa peor. A veces la vida se nos complica por causa de nuestras malas decisiones, o nuestros malos hábitos, o incluso de nuestros pecados, por ello una parte importante de la fe es asumir la responsabilidad de todos nuestros actos, y una vez que aceptamos la ayuda de Dios debemos estar dispuestos y decididos completamente a “no pecar más” y a vivir una vida radical para Cristo. Sin un cambio radical en nosotros es muy probable que estaremos viviendo siempre en riesgo de perder incluso la vida eterna con Cristo. 

Finalmente, la vida de fe requiere de acción de nuestra parte. Jesús le dijo a aquel hombre: “Levántate, toma tu lecho, y anda.” Y aunque seguramente aquel hombre tuvo ciertas dudas en su interior al respecto, finalmente obedeció la voz de Cristo. Ver los milagros de Jesús requiere que actuemos en fe. Aunque la lucha que estemos cruzando sea muy larga, incluso de años, Dios nos llama para actuar como si Él ya nos hubiera respondido, y a esforzarnos para seguir adelante con Él. Aquel hombre todavía tuvo que cargar su lecho mientras regresaba a casa; igualmente, quizá la lucha que enfrentamos requiera que sigamos “cargando con algún lecho”, pero caminemos como hombres y mujeres que ya han sido escuchados por Jesús, que ya han recibido su perdón y su misericordia, y luchemos como hijos amados de Dios, y ya restaurados por Él.

Aunque la lucha te ponga de rodillas todos los días recuerda que Jesús te habla diario: “¿Quieres ser sano?”. Y vuelve a la comunión con Él, confía en su autoridad, en su perdón, y decide todos los días “no pecar más.”  

 

Puntos sugeridos para orar: 

Adoremos a Dios por la autoridad que Jesús tiene sobre toda adversidad. Confesemos que Jesús llevó nuestros pecados, nuestras enfermedades, y nuestras dolencias en la cruz. (Isaías 53)

Pidamos a Dios que nos revele individualmente cuales son las áreas de nuestro corazón que necesitan perdón y restauración, y que nos levantemos todos los días con la decisión de no pecar más. 

Supliquemos que Dios manifieste su misericordia y su autoridad para sanar a los enfermos entre nosotros, para liberar a los que oprimidos por algún pecado, y para hacernos descansar de las preocupaciones. 


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