Hagan lo que Él les diga

Hagan lo que Él les diga



Al día siguiente, se celebró una boda en la aldea de Caná de Galilea. La madre de Jesús estaba presente, y también fueron invitados a la fiesta Jesús y sus discípulos. Durante la celebración, se acabó el vino, entonces la madre de Jesús le dijo: - “se quedaron sin vino”. – “apreciada mujer, ese no es nuestro problema” - respondió Jesús – “Todavía no ha llegado mi momento.” Sin embargo, su madre les dijo a los sirvientes: “Hagan lo que él les diga.” 

Cerca de allí había seis tinajas de piedra, que se usaban para el lavado ceremonial de los judíos... Jesús les dijo a los sirvientes: “Llenes las tinajas con agua”. Una vez que las tinajas estuvieron llenas, les dijo: “Ahora saquen un poco y llévenselo al maestro de ceremonias.” Así que los sirvientes siguieron sus indicaciones. Cuando el maestro de ceremonias probó el agua que ahora era vino, sin saber de dónde provenía (aunque, por supuesto, los sirvientes sí lo sabían), mandó llamar al novio. “Un anfitrión siempre sirve el mejor vino primero” -le dijo-, “y una vez que todos han bebido bastante, comienza a ofrecer el vino más barato. ¡Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora!” 

Esta señal milagrosa en Caná de Galilea marcó la primera vez que Jesús reveló su gloria. Y sus discípulos creyeron en Él. 

En la escritura de hoy, la madre de Jesús sabía la importancia de seguir las indicaciones de su hijo Jesús debido a la autoridad que el poseía. Fue allí en la boda de Caná se dispuso para realizar el primer milagro registrado tras convertir el agua en vino. 

Jesús dio la indicación de llenar varias tinajas para agua, no con uvas ni con nada que pudiera producir vino, sino simplemente con agua.  Estoy seguro de que aquellos sirvientes comenzaron a cuestionarse acerca de cómo aquellas tinajas con agua podrían proveer lo necesario para los invitados de la boda. De nuevo, conociendo el poder y la autoridad que Jesús tenía (y tiene todavía hoy), su madre simplemente dijo a los sirvientes: “Hagan lo que Él les diga.” (Juan 2:5)

Sin importar que pareciera impráctico o irracional, los sirvientes obedecieron. Y fue gracias a la obediencia de los siervos al mandamiento de Jesús que el agua en las tinas se convirtió milagrosamente en vino, proveyendo más que suficiente para satisfacer a todos los invitados a la boda. No solamente convirtió el agua en vino, sino que el vino producido en las tinajas de agua resultó mucho mejor que el vino que habían servido al inicio de la boda. 

Cuando nosotros seguimos las instrucciones de Jesús, no solo se producen milagros, sino que la obediencia causa que nuestro final sea mucho mejor que el comienzo. ¿Cuáles son las instrucciones o mandamientos que Dios te ha dado hoy para que le obedezcas? No solamente te sientes a meditar en ello, o incluso a racionalizarlo. Dios nunca va a darte una instrucción o mandamiento imposible de seguir porque Él también va a equiparte con todo lo que necesites para cumplir tu tarea. 

Nuestra victoria y bendición viene cuando caminamos en obediencia a las palabras de Dios como Él nos instruye por medio de su palabra. Cualquier instrucción que esté de acuerdo con Su Palabra; esto es lo que Él espera que nosotros hagamos. 

Así que no solamente medites pasivamente y esperes, o incluso reflexiones en ello para contemplar esta verdad; tu victoria vendrá tan solo cuando “hagas lo que Él te diga”. 

Puntos sugeridos para orar: 

Adora a Dios confesando su poder y su autoridad sobre toda situación actual. 

Pidamos a Dios que nos capacite y nos prepare para vivir en una fe que actúa desdelas actitudes mas sencillas que tenemos todos los días, hasta las instrucciones más especificas que Él nos de en su palabra. Que no seamos solamente cristianos oidores y contemplativos. 

Supliquemos a Dios que nos de un espíritu y un corazón diligente para que, así como aquellas tinajas de agua, también nosotros estemos llenos del agua viva que representa la palabra de Dios. Que seamos cristianos que conocen bien la Palabra de Dios, y la usan con rectitud.