Dedicados a la Voluntad de Dios y Muertos al Pecado



Devocional 14

Por lo tanto, ya que Cristo sufrió dolor en su cuerpo, ustedes prepárense, adoptando la misma actitud que tuvo él y estén listos para sufrir también. Pues, si han sufrido físicamente por Cristo, han terminado con el pecado. No pasarán el resto de la vida siguiendo sus propios deseos, sino que estarán ansiosos de hacer la voluntad de Dios. En el pasado, han tenido suficiente de las cosas perversas que les gusta hacer a los que no tienen a Dios: inmoralidad y pasiones sexuales, parrandas, borracheras, fiestas desenfrenadas y abominable adoración a los ídolos… Pero recuerden que ellos tendrán que enfrentarse con Dios, quien está listo para juzgar a todos, tanto a vivos como a muertos.”    1 Pedro 4: 1-3, y 4: 5

 

Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.  Romanos 6:11-13

 

 

La vida con Cristo significa una nueva vocación, un rumbo nuevo, una nueva dedicación. Esto no significa que debas renunciar a tu profesión, o a tu trabajo, ni a tu vocación laboral, sino que hay una nueva dedicación en tu vida, superior a cualquier otra, que ahora lidera tu forma de ser y de actuar. Ahora, en Cristo, las actividades que debemos hacer no desaparecen, sino que están sometidas a una nueva vocación, y una dedicación mayor y perfecta, que es la voluntad de Dios. Como seguidores de Cristo ahora nos dedicamos a la voluntad de Dios.

 

Esta nueva dedicación debe llamar a todos los cristianos a no conformarse con las normas morales de la “vieja forma de vivir”, porque ahora tenemos una nueva directiva, y una nueva dinámica; la nueva directiva es la voluntad de Dios, y la nueva dinámica es el poder del Espíritu Santo actuando en nosotros.

La vida cristiana debe significar para ti mucho más que identificarte con los propósitos de Cristo; es mucho más que ser compatibles con sus principios y con su Espíritu. La vida con Cristo significa, en gran medida, aborrecer el pecado.

 

¿Por qué aborrecemos el pecado? Por la sencilla razón que el pecado produce desenfreno, caos, disipación, descontrol, y es abominación delante de Dios porque atenta contra la vida humana, la cuál es sagrada por naturaleza. El pecado produce muerte. La inmoralidad sexual, las parrandas, las borracheras, las fiestas desenfrenadas, y la adoración a los ídolos, son pecados que producen tristeza y la muerte espiritual eterna.

 

Pero aquí encontramos una gran noticia: Abandonar el pecado ocasionará cierto sufrimiento temporal para los cristianos. Tenemos que armarnos de valor, y estar dispuestos a “morir al pecado”, aunque en muchas ocasiones esto signifique burlas, rechazo, y maltrato de parte de los no cristianos. A veces seremos incomprendidos por la sociedad, menospreciados, o malinterpretados, pero esto no debe causar desaliento, ni debe ser una razón para volver a la “vieja forma de vivir”, pues cuando sufrimos por causa de Cristo significa que nuestro testimonio está siendo eficaz, y tarde o temprano dará fruto en todo aquel lo atestigua.

 

Hermanos, cuando los cristianos adoptamos todas las costumbres de una sociedad sin Dios, terminamos siendo absorbidos por el mismo espíritu del mundo. Se pierde nuestro testimonio, se pierde la diferencia, se pierde nuestra predicación, y se pierde el sentido de seguir a Cristo. Dios nos llamó a un solo camino: la separación de las costumbres del mundo, no al aislamiento, sino a la separación en el espíritu y en la práctica.

 

Cristo sufrió dolor en su propio cuerpo por nosotros. Su muerte nos dio vida. Ya no hay nada que nosotros podamos sufrir para hacer más eficaz el sacrificio de Cristo, Él hizo el trabajo completo y perfecto para salvarnos y darnos vida eterna. Pero lo que si debemos tener es la misma actitud de Cristo, dispuestos a morir, pero a morir al pecado, aunque esto signifique padecer y sufrir temporalmente en este mundo.

 

A veces también Dios permite que enfrentemos algunas enfermedades, o padecimientos físicos, con el fin de depurar nuestro amor por Él, y con el fin de que nos motivemos para terminar completamente con el pecado en nuestra vida.  Ya sea que suframos por causa de alguna enfermedad, o que suframos por renunciar a las actividades pecaminosas, debemos de estar ansiosos por hacer la voluntad de Dios

 

Debemos estar motivados a buscar la santidad, y a morir al pecado, más que nunca. Porque un día, todos, vivos y muertos, creyentes y no creyentes, estaremos de pie delante del trono de Dios para darle cuentas de todo lo que hicimos en este mundo. Y los que estemos dispuestos a “morir al pecado”, con todo lo que esto implique, seremos lavados por la sangre de Cristo, y alcanzaremos la victoria final. Solamente los que abracemos la nueva dedicación cristiana de buscar la voluntad de Dios por sobre todo lo demás heredaremos la vida eterna.