No Andemos Como Ovejas Descarriadas



Devocional 12

 

Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; “el cuál no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca.” Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente; quién llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.   1 Pedro 2: 21-25

 

 

Los periodos de dispersión, dentro de la comunidad de creyentes, causan que la vida espiritual de las familias, y de los individuos, se descarríen de la verdad, de la santidad, y de la felicidad. Estar aislados durante varias semanas, o dispersos en la mente, ha ocasionado que, en muchos casos, los creyentes se encuentren perdidos, desprotegidos, y sobre todo expuestos a muchos peligros en el ámbito espiritual que pueden descarrilar completamente la vida del ser humano.

 

Aunque los padecimientos que enfrentamos son muy diversos, difíciles, y constantes, en Jesús tenemos el mejor ejemplo a seguir para enfrentar cualquier prueba; con el fin de que los tiempos de distanciamiento y soledad no nos aparten de la verdad, ni nos roben la santidad, ni nos quiten la felicidad de vivir. En Cristo es posible vivir en victoria en cualquier etapa de la vida.

 

Cuando leemos que Cristo nos dejó su ejemplo para seguirlo, la biblia se refiere a las cartas antiguas que eran redactadas y copiadas de los escritos de un maestro. Los discípulos de aquel tiempo, con el fin de aprender los caminos de su maestro al pie de la letra, redactaban cartas copiando fielmente los escritos de su maestro. Así es como Cristo quiere que sigamos su ejemplo, que miremos atentamente a sus enseñanzas, y así podamos resistir cuando sufrimos a causa de nuestra fe.

 

En el capítulo 53 de Isaías podemos descubrir el gran ejemplo de los padecimientos que Cristo soportó para nuestro beneficio: “Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cuál se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” (Isaías 53:5-6)

Jesús, el maestro, no solo nos dio el ejemplo, sino que también nos dio la sanidad. En Cristo tenemos ambas cosas, el ejemplo y la cura. Su sufrimiento es el modelo por seguir, y al mismo tiempo es el remedio para nuestras almas atribuladas y agobiadas. 

Un teólogo antiguo escribió que en Isaías 53 vemos “un nuevo y extraño método de curación; él medico sufrió el costo, y el enfermo recibió salud.” 

 

Jesús es el único que puede sanar el alma; Él es el único que puede quitar la culpa y la vergüenza; Él sufrió hasta la muerte para que nuestros pecados y nuestras rebeliones sean intercambiados por su paz y sanidad. Pero ¿para qué quiere librarnos Jesús del poder de la culpa y del pecado? Para que, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. Vivir a la justicia significa volver a la verdad, a la santidad, y a la felicidad del alma; ese es el clamor interno en el corazón de cada ser humano: vivir a la justicia, y solo en Cristo es posible.

 

Cuando nos descarriamos, la vida carece de un guía, de un guardián, y de una meta; y por consiguiente nos alejamos más y más.

Si tu vida se ha descarriado de alguna manera, rogamos al Señor para que, por la influencia de la gracia divina, puedas volver y hallar en Cristo un médico que sana, un pastor que guía y alimenta, y un Obispo (guardián vigilante) que cuida de tu alma. Recuerda que somos ovejas de Cristo, y todos necesitamos depender de su cuidado, de su guía, y de su sanidad.

 

Hermano, acércate al pastor y al guardián de tu alma. Sigue su ejemplo acercándote diligentemente a la enseñanza bíblica de la iglesia con la necesidad y el interés por aprender fielmente las enseñanzas de Cristo, para que cuando vengan las pruebas no quedes sin un guía, sin un protector, y sin la sanidad del alma.