Elegidos Pueblo Santo

Elegidos Pueblo Santo



Devocional 02

 

“Yo, Pedro, que soy enviado de Jesucristo a anunciar su mensaje, saludo a todos los cristianos que viven como extranjeros en las regiones de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia.

De acuerdo con su plan, Dios el Padre decidió elegirlos a ustedes, para que fueran su pueblo. Y por medio del Espíritu Santo y de la muerte de Jesucristo, Dios los ha limpiado de todo pecado, para que lo obedezcan.

Deseo que Dios los ame mucho y les permita vivir en paz”

1 Pedro 1:1-2

 

En el devocional anterior vimos que el tiempo actual que vivimos como iglesia es similar al tiempo de “dispersión” que experimentaba la iglesia a la que le escribió el apóstol Pedro, porque los problemas de salud que enfrentamos como sociedad nos han llevado a estar distanciados, dispersos unos de otros, y esto llega a causar que nos sintamos desesperanzados, aislados, y en muchas formas, extraños. A veces llega a ser complicado guardar la unidad con Dios, y entre nosotros, por causa de esta “dispersión” que vivimos hoy.

 

Sin embargo, Dios quiere que renfoquemos nuestra vida hacia el compañerismo y hacia la esperanza viva que tenemos en Cristo.

Esto lo conseguiremos al comprender que Dios nos eligió, no como individuos, sino como un solo pueblo, una sola comunidad, y una sola iglesia.

 

Muchas veces, cuando se habla de la “elección divina de Dios”, llegamos a pensar, o a comentar, que Dios eligió individuos, o personas especiales, pero el apóstol Pedro nos hace ver que la elección de Dios tiene que ver mucho más con un pueblo que con individuos. Es decir, que Dios nos eligió a todos nosotros, juntos, como a uno solo, para alcanzar un propósito especial en este tiempo de dispersión y de crisis.

Ese propósito es: que juntos alcancemos una vida de obediencia que agrade a Dios, y que a su vez nos lleve a experimentar el amor y la paz de Dios como un pueblo especial.

 

Uno de los magníficos resultados de la obediencia a Dios es que ésta nos lleva a experimentar una paz sobrenatural, y la fuerza del amor de Dios latiendo en nuestro interior sobre cualquier circunstancia de la vida.  

 

Este tiempo de crisis, y de dispersión, es el tiempo en el que Dios quiere santificar nuestros corazones para que encontremos la obediencia que, quizá antes, no habíamos experimentado. Porque la santificación es ese proceso en el que la obediencia nace en nuestro interior por la obra del Espíritu Santo, y gracias al sacrificio de Cristo. Y las crisis representan una gran oportunidad para sensibilizar nuestro espíritu hacia la obediencia y la santidad, así que vamos a aprovecharlo todos juntos, en unidad, y en un mismo sentir.

 

Juan Wesley dijo esto acerca de la santificación: “Esta obra divina tiene el aspecto de crisis, porque en un instante, el corazón es purificado de todo pecado, y lleno con el puro amor de Dios y el hombre.”

 

Hermanos, dejémonos guiar en este proceso de Santificación. El Espíritu Santo es el único que causa los cambios en nuestro carácter para restaurarnos a la imagen divina que Dios diseñó para nuestra alma. La sangre de Cristo ya hizo todos los méritos necesarios para limpiarnos, y todo lo que debes hacer es “apropiarte” de esos méritos por medio de la fe en Jesús.

Por fe, cree, y confiesa hacia tu propia alma, que cada día Dios quiere hacerte un siervo aceptable delante de Él.

 

Nunca olvides que Dios diseñó a la iglesia para que sea santificada, le obedezca, y así experimente un amor y una paz sobrenatural que transformará al mundo.