LA CANCIÓN DE LA IGLESIA

LA CANCIÓN DE LA IGLESIA



DEVOCIONAL 11

“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”

 

Efesios 3: 20-21

 

Todavía recuerdo una de las primeras canciones que aprendí de niño en la iglesia pentecostal donde crecí. Todos le cantaban a Dios algo así: “Nada es difícil para ti, nada es difícil para ti, oh, grande Señor, Poderoso y Fuerte eres tú. Nada, nada, absolutamente, nada es difícil para ti.” Y es que esa es la principal razón de existir de la iglesia: Darle toda la gloria al único Dios poderoso, capaz de actuar mucho más allá de lo que nosotros somos capaces de entender o de pedir, en nuestro peor o mejor día.

 

Con demasiada frecuencia, las personas llegan a la iglesia pensando “cada quién en lo suyo”, y esto no necesariamente es un pecado, ni algo anormal en los seres humanos, pero Dios quiere que veamos el panorama completo de lo que el está haciendo en el lugar. 

Lo que Dios está haciendo, más allá de solucionar problemas individuales, es formar una familia espiritual en la que todos se llenen juntos de fe en Jesús, y que, por medio de esa unidad en un mismo propósito, y bajo un mismo nombre, todos vayan experimentando juntos la fortaleza de Dios en sus vidas, así como la dimensión ilimitada de un amor perfecto que todo lo completa, aún en medio de las circunstancias más difíciles de la vida.

La iglesia es una familia espiritual perfecta por medio de Cristo, que refleja ni más ni menos que la gloria misma de Dios a través de diversas historias, diferentes rostros, y múltiples circunstancias, que nos hacen darnos cuenta de que nunca estamos solos, porque todos somos “vasijas de barro” en las manos de la gracia de Dios.

 

El plan de Dios para la iglesia es completarnos a todos; Fortalecernos espiritualmente semana tras semana, dándonos más y más fe al estar juntos en la presencia de Dios, de tal manera que cada vez estemos más arraigados en el amor ilimitado de Dios, conociendo sus afectos infinitos por nosotros. Este es el ambiente, y la comunidad, en donde podemos conocer a Aquel que es poderoso para hacer mucho mas abundantemente de lo que pedimos o entendemos. Que podamos valorar el panorama completo del mover de Dios en un mismo lugar.

 

Cuando un ángel de parte de Dios le anunció a María que de ella nacería el Salvador de la humanidad, le dijo: “Darás a luz un hijo, y llamarás su Nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo…y su reino no tendrá fin…Porque nada hay imposible para Dios.” Y María abrió el corazón al panorama completo del mensaje de aquel ángel. No cerró su corazón pensando en todos los problemas y los retos que se cruzarían durante todo el proceso, sino que le contestó al ángel: “He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra.” Ella vio el panorama completo del plan de Dios.

El mensaje del ángel fue claro, y lo respaldó afirmándole a María: “Porque nada hay imposible para Dios.”

Y este es el mismo mensaje, y la misma canción que necesitamos entonar juntos cuando nos reunimos como iglesia: No hay nada imposible para Dios. Que unidos en una sola voz le demos toda la gloria al “único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cuál sea la honra y el imperio sempiterno.”

Necesitamos transmitirles a nuestros hijos, a nuestras hijas, y a los que vienen detrás de nosotros, una iglesia que mira el panorama completo de una familia en Cristo que canta en unidad por la gloria de Dios. Un Dios que nos fortalece, nos arraiga en amor, y nos llena de fe, mientras adoramos juntos en una misma pasión por Jesús.

 

¿Sabes porque es necesario y urgente que Dios haga las cosas mucho más abundantemente de lo que tú o yo podemos pedir, o si quiera pensar o imaginar? Porque para llenar a la iglesia, y al mundo, con un amor ilimitado se necesita de un poder ilimitado. Para fortalecer los corazones quebrantados por estos tiempos violentos, de enfermedad, y de tragedias, se requiere del mismo poder ilimitado del Espíritu de Dios.

Necesitamos volver el corazón para reunirnos con fe, como el cuerpo de Cristo, y aclamar la gloria del único soberano y eterno Rey. Para que cuando el mundo esté “de cabeza” se escuche el canto de los redimidos, la familia de Cristo, que confía, que tiene paz, que tiene amor, y que aguarda en una esperanza firme y segura.