COMPLETOS EN EL AMOR DE CRISTO

COMPLETOS EN EL AMOR DE CRISTO



DEVOCIONAL 10

“Pido en oración que, de sus gloriosos e inagotables recursos, (Dios) los fortalezca con poder en el ser interior por medio de su Espíritu. Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes. Espero que puedan comprender, como corresponde a todo el pueblo de Dios, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor. Es mi deseo que experimenten el amor de Cristo, aún cuando es demasiado grande para comprenderlo todo. Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios.”

 

Efesios 3: 16-19 (NTV)

 

“Comunión” es de las primeras cosas que aprendemos al nacer, y “comunión” es lo primero que necesitamos experimentar, y expresar, al “nacer de nuevo” en el espíritu por medio de la fe en Jesucristo. La razón de esta necesidad natural es sencilla, y es porque la comunión con Cristo es la única forma de llegar a ser completos, plenos, por medio de la unidad con él, y en la unidad con el cuerpo de Cristo, que es la iglesia.

 

Durante el curso de la vida hay etapas en las que sentimos que algo nos falta, y buscamos completar esos vacíos a través de relaciones personales, riquezas, o placeres. Algo muy similar le estaba ocurriendo a la iglesia de los Efesios, por eso es que el apóstol Pablo entonó esta oración: “Que ustedes puedan comprender en la unidad del cuerpo de Cristo, cuán ancho, cuán largo, cuán alto, y cuán profundo es el amor de Cristo para ustedes.” En pocas palabras, Pablo oraba para que la iglesia pudiera comprender el amor de Dios en todas sus dimensiones.

 

Pablo comprendía que los hermanos batallaban con esta problemática de sentirse incompletos o insatisfechos, por esa razón él oraba para que ellos llegaran a conocer y a experimentar el poder del Espíritu Santo en la persona interior, porque el cristianismo no se trata de leyes o de circunstancias externas. Así, Pablo oraba para que Cristo entrara a través de la puerta abierta de la fe, y habitara en los corazones de la iglesia, e impregnara su naturaleza sobre la mente, la voluntad, y las emociones de aquellos creyentes.

 

Cuando Cristo entra a una vida, la llena con su propia vida, y la completa. Esta plenitud, del amor de Dios por nosotros, es el terreno fértil y estable sobre el cuál echamos raíces, y florecemos, doblegamos nuestros deseos, nuestros pensamientos, y todo nuestro ser interior, a los pies del amor de Cristo, que llena, satura, y desbordad la plenitud de Dios como una fuente inagotable, cada día más, y más.

Que a través de los años, la iglesia sea cada vez más bendecida con la sensación, y la convicción, del amor de Dios en nuestras almas.

 

La anchura del amor de Dios “abraza” cada área de nuestra vida, y se extiende a todo aquel que nos rodea. la longitud del amor de Dios nos sigue a través de todos los años de nuestra vida, hasta la eternidad. La profundidad del amor de Dios llega hasta lo más profundo del desaliento, la desesperación, y la muerte. La altura del amor de Dios nos eleva hasta la cumbre de la aclamación por él, y del júbilo. Cuando te sientas incompleto o insatisfecho recuerda que el amor de Dios es más que suficiente.

 

Estamos completos gracias a nuestra unión con Cristo, y por la capacitación del Espíritu Santo. Tenemos por entero el poder del Espíritu de Dios a nuestra disposición, pero debemos creerlo por la fe, a través de una vida de oración, y la voluntad rendida para amarlo y obedecer su palabra.  No es suficiente con confesarlo con la lengua, o meditarlo en nuestra mente; el corazón rendido es el asiento del Espíritu de Dios.

 

La oración de Pablo por los Efesios también es para ti en este tiempo. Podemos pedirle al Espíritu de Dios que llene al máximo cada aspecto de nuestra vida. ¿Estás lleno de la plenitud de Dios? Los que reciben la plenitud de Cristo caminan de gracia en gracia. Esta gracia es suficiente para satisfacer la vida del hombre, en medio de cualquier circunstancia. No necesitamos llenarnos de engaños, de riquezas, ni de placeres para llenar nuestra vida.

Dios quiere llenar tu vida con toda la plenitud de su amor. Acércate a la comunión con él, echa raíces en esa comunión, y sigue pidiendo cada día que él te llene con su Espíritu.