EL MILAGRO DE LA VIDA



Devocional 5

 

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aún cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!

 

Efesios 2: 4-5 (NVI)

 

El pastor Ravi Zacharias escribió lo siguiente: “El cristianismo es definitiva y drásticamente diferente a todas las demás religiones. En  toda religión, excepto en el cristianismo, la moral es significado de logro y de realización. Pero no hay cantidad suficiente de “buena moral humana” que pueda justificarnos delante de un Dios soberano. El mensaje cristiano es un recordatorio de que nuestra verdadera enfermedad es una que la moral por si sola no puede resolver. Nuestro problema fundamental no es moral; mas bien, nuestro problema fundamental es espiritual. No es simplemente que somos inmorales, sino que una buena moral no puede conectarnos con lo que nos separa de Dios. Aquí descansa la diferencia cardinal entre las religiones moralizadoras y lo que Jesús nos ofrece a nosotros: Jesús no ofrece convertir a la gente mala en gente buena, sino que nos ofrece que la gente muerta reciba la vida.”

 

El gran problema del pecado no es solamente que es malo moralmente, sino que produce muerte espiritual en los seres humanos.

Pero el gran milagro de la salvación que hemos recibido es el milagro de la vida de Jesús en nuestro corazón. Aún cuando no teníamos la capacidad de reaccionar, ni de responderle positivamente a Dios, Dios nos encontró con las riquezas de su misericordia y con su gran amor, y sopló una vida nueva en nuestro espíritu junto con Cristo Jesús. Y es necesario que cada día vivamos recordando y agradeciendo por el milagro más grande que ha ocurrido en nuestra vida: Jesús nos dio vida cuando estábamos muertos.

 

Jesús nos llama constantemente para que volvamos toda nuestra atención y nuestra mirada hacia el gran amor de Jesús por nosotros y hacia las riquezas de su misericordia. Jesús nos llama constantemente al arrepentimiento, para que permitamos que su gracia transforme nuestros corazones de día en día.

Necesitamos levantar nuestra mirada en oración, en alabanza a Dios, en una lectura ávida por las palabras de Dios, para pedirle al Señor que podamos reaccionar ante la vida espiritual que él ya ha puesto en nuestro corazón. Que podamos darnos cuenta, y valorar, que cuando estábamos muertos en pecado Jesús nos dio vida por su gracia maravillosa.

 

Solo un corazón transformado continuamente por la gracia de Cristo será capaz de vivir y de anunciar un evangelio que va mucho más allá de la moral. Un evangelio que resucita lo que está muerto. Este es el evangelio que debemos de anunciar, no solo con nuestras palabras, sino con nuestras acciones de amor y misericordia hacia todos los que nos rodean.