Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios (Filipenses 1:9-11)
Asi como el apóstol Pablo, necesitamos experimentar el poder del Evangelio por medio de la oración. Pablo menciona que oraba con gratitud a Dios, que oraba siempre, rogando con gozo ante Dios. Esta actitud para orar le permitió a Pablo, no solamente soportar los sufrimientos, sino que le permitió ver resultados sobrenaturales en su vida, y en la de los creyentes. Del mismo modo, necesitamos reconocer que el poder sobrenatural de Dios, que tanto necesitamos como familias y como iglesia, empieza con una actitud de oración persistente delante de Dios.
Santiago 5:15-16 dice: "Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho."
Contemplemos el impacto espiritual que tiene la oración para transformar nuestras circunstancias. La oración tiene poder: para salvar, para sanar, para perdonar pecados, para restaurar las relaciones rotas, y para interceder unos por otros. También dice que la oración eficaz del justo puede mucho. Por eso Pablo oraba para que los creyentes en Filipos dieran frutos de justicia por medio de Jesús, para que sus oraciones fueran eficaces. Aprendamos a orar como Pablo, siendo persistentes, siendo agradecidos por la obra que Cristo ya hizo a nuestro favor, y con la alegría que siente el corazón con tan sólo estar cerca de la presencia de Dios.
Ahora, la razón principal por la que Pablo ora, entre los versos 9 y 11, en favor de los Filipenses, es trascendental. Pablo oró para que ellos estuvieran listos para el día de Jesucristo. Este es el propósito del Evangelio para el cual vivimos y trabajamos: Estar listos para el momento en que estemos frente a Jesús, pues de ahí depende la eternidad. Por ello necesitamos persistir en la vida de oración, porque todos queremos ir a cielo con Cristo, pero la realidad de estos versículos nos revela que solo los frutos de justicia en nuestra cuenta, así como una vida transparente y pura (traducción de sinceros e irreprensibles), nos avalarán para estar frente a Jesús. "Por sus frutos los conoceréis", dijo Jesucristo.
La oración de Pablo nunca se trató de alcanzar la perfeccion humana. De hecho, Jesucristo fue quien cumplió toda la justicia que nosotros nunca podríamos alcanzar, y la presentó en nuestro favor delante de Dios. Más bien, esta oración de Pablo, se trata de persistir en una relación constante y progresiva con el amor sobrenatural de Jesucristo.
"Que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor..." . Las palabras de esta oración nos hablan de una comunión constante, que profundiza más, que pide más, que necesita un amor mas allá de todo afecto terrenal. Aquí habla de amor "agape", es decir, el amor divino y sobrenatural de Cristo. El amor que Jesús nos muestra, así como el que necesitamos dar a los creyentes, no es un amor sentimental, sino un amor de sacrificio. Se trata de un amor que actúa, mediante hechos concretos, para el bien de los creyentes y de la obra del Evangelio. Su amor, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, y todo lo soporta (1 Cor. 13). Esta clase de amor sólo es posible cuando lo recibimos, orando a Dios.
Alcanzar la "ciencia y el conocimiento para aprobar lo mejor", se refiere a llegar a conocer la moral de Dios; se trata de sentir y comprender, con todo nuestro ser, lo que verdaderamente es agradable para Dios, y recibir la capacidad sobrenatural para hacerlo. Experimentar a Dios, sentirlo, y comprender lo que Él espera que hagamos, nos va transformando en personas cada vez más transparentes y puras, que dan el fruto del Espíritu hacia los demás, y que están listas para ver a Cristo cara a cara, cuando Él nos llame.
Experimentemos el poder del Evangelio a través de la oración que pide la capacidad de amar como Cristo nos ha amado, la capacidad de discernir lo que Dios quiere que hagamos, y la fe para hacerlo. Oremos para que Dios nos llene con el fruto de su Espíritu; en amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Galatas 5:22-23). Oremos para llegar a ser cristianos transparentes y puros en todo lo que hacemos y decimos, y pidamos estar listos para el día de Cristo.